Ambos eran fantásticos, el barco y el océano. Cuando el barco seguía su rumbo sin ningún inconveniente, se sincronizaba con el océano y hacían que todo sea majestuoso. A veces había olas que hacían que el barco se corriese de rumbo, pero , irónicamente, no lo desalineaba de ese rumbo. Era el mismo, pero con variantes.
Era la misma ruta de vida, pero con diferencias a la de otros barco.
Cuando un tripulante con poco conocimiento naval tenia el mando del barco, esos desperfectos desalinees eran mas frecuentes. A veces se distraía mirando otros barcos, o en guerra con otros, o cualquier tipo de inconveniente.Ese tripulante le informa al capitán lo sucedido, rara vez esas dos personas logran entenderse y solucionar el problema. Casi siempre tenia que venir alguien de otro barco para solucionarlo.
Tuvo que suceder eso, el barco había chocado contra un acantilado y había quedado a la deriva. Lanzaron señales de auxilio, y nadie los vio. Unos días después , en el momento que se habían acabado las señales, se acerco un barco aliado. Los auxilio y rescato, pero no prestandoles su barco, si no ayudando a reparar el de ellos.
Si, a pesar de todos los inconvenientes, desvíos de rumbos, choques y otros imperfectos, el barco volvía a navegar, e incluso mejor que antes, por que había recibido la ayuda de ese barco auxiliador. Un barco que pareciera haber venido desde arriba...que nos repara en nuestro peor momento.
No importan los icebergs, no importan los acantilados, ni los tsunamis, ni cualquier otra cosa.
Solo importa ese barco, el que rompe la oscuridad con su rayo de luz penetrante.
No importan los icebergs, no importan los acantilados, ni los tsunamis, ni cualquier otra cosa.
Solo importa ese barco, el que rompe la oscuridad con su rayo de luz penetrante.
No hay comentarios:
Publicar un comentario