domingo, 22 de septiembre de 2013

En mí había ahora una seguridad potente. Encendí un cigarrillo y le dije a mi compañero de albergue:
—Che, ¿quién te enseñó esas porquerías?
—Con vos no quiero hablar... sos un malo...
Me eché a reír, luego grave continué:
—En serio, che ¿sabés que sos un tipo raro? ¡Qué raro que sos! En tu familia, ¿qué dicen de vos?
¿Y esta casa? ¿Te fijaste en esta casa?
—Sos un malo.
—Y vos un santo, ¿no?
—No, pero sigo mi destino... porque yo no era así antes, ¿sabés?, yo no era así...
—¿Y quién te hizo así, entonces?
—Mi maestro, porque papá es rico. Después que aprobé el cuarto grado, me buscaron un maestro para que me preparara para el primer año del Nacional. Parecía un hombre serio. Usaba barba, una barba rubia puntiaguda y lentes. Tenía los ojos casi verdes de azules. A vos te cuento todo eso porque...
—¿Y?...
—Yo no era así antes... pero él me hizo así... Después, cuando él se iba, yo salía a buscarlo a su casa. Tenía entonces catorce años. Vivía en un departamento de la calle Juncal. Era un talento.
Fíjate que tenía una biblioteca grande como estas cuatro paredes juntas. También era un demonio, ¡pero cómo me quería! Yo iba a su casa, el mucamo me hacía pasar al dormitorio... fijate que me había comprado todas las ropas de seda y vainilladas. Yo me disfrazaba de mujer.
—¿Cómo se llamaba?
—Para qué querés saber el nombre... Tenía dos cátedras en el Nacional y se mató ahorcándose...
—¿Ahorcándose?...
—Sí, se ahorcó en la letrina de un café... ¡pero qué zonzos sos!... ja... ja... no te creas... son mentiras... ¿No es verdad que es bonito el cuento?
Irritado, le dije:
—Vea che, déjeme tranquilo; me voy a dormir.
—No seas malo, escuchame... qué variable sos... no te vayas a creer lo de recién... te decía la pura verdad... cierto... el maestro se llamaba Próspero.
—¿Y usted ha seguido así hasta ahora?
—¿Y qué iba a hacer?
—¿Cómo qué iba a hacer? ¿Por qué no se va a lo de algún médico... algún especialista en enfermedades nerviosas? Además, ¿por qué es tan sucio?
—Si está de moda, a muchos les gusta la ropa sucia.
—Usted es un degenerado.
—Sí, tenés razón... soy chiflado... ¿pero qué querés?... mira... a veces estoy en mi dormitorio, anochece, querés creerme, es como una racha... siento el olor de las piezas amuebladas... veo la luz prendida y entonces no puedo... es como si un viento me arrastrara y salgo... los veo a los dueños de amuebladas.
—¿A los dueños, para qué?
—Natural, eso de ir a buscar, es triste: nosotras nos arreglamos con dos o tres dueños y en cuanto cae a la pieza un chico que vale la pena nos avisa por teléfono.
Después de un largo silencio, su voz se hizo más entonada y seria. Diría que se hablaba a sí mismo, con toda su tribulación:
—¿Por qué no habré nacido mujer?... en vez de ser un degenerado..., sí, un degenerado..., hubiera sido muchacha de mi casa, me hubiera casado con algún hombre bueno y lo hubiera cuidado... y lo hubiera querido... en vez... así... rodar de "catrera" en "catrera", y los disgustos... esos atorrantes de chambergo blanco y zapatos de charol que te conocen y te siguen... y hasta las medias te roban. ¡Ah!, si encontrara alguno que me quisiera para siempre, siempre.
—¡Pero usted está loco!, ¿todavía se hace esas ilusiones?
—¡Qué sabés vos! Tengo un amiguito que hace tres años vive con un empleado del Banco
Hipotecario... y cómo lo quiere...
—Pero eso es una bestialidad...
—¿Qué sabés... si yo pudiera daría toda mi plata para ser mujer... una mujercita pobre... y no me importaría quedarme preñada y lavar la ropa con tal que él me quisiera... y trabajara para mí...
Escuchándole, estaba atónito.
¿Quién era ese pobre ser humano que pronunciaba palabras tan terribles y nuevas?... ¿que no pedía nada más que un poco de amor?
Me levanté para acariciarle la frente.
—No me toqués —vociferó—, no me toqués. Se me revienta el corazón. Andate.
Ahora estaba en mi lecho inmóvil, temeroso de que un ruido mio lo despertara para la muerte.
El tiempo transcurría con lentitud, y mi conciencia descentrada de extrañeza y fatiga recogía en el espacio el silencioso dolor de la especie.
Aún creía sentir el sonido de sus palabras... en lo negro su carita contraída de pena diseñaba un visaje de angustia, y con la boca resecada de fiebre, exclamaba a lo oscuro:
"Y no me importaría quedarme preñada y lavar ropa con tal de que él me quisiera y trabajara para mí."
Quedarse preñada. ¡Cuán suave se hacía esa palabra en sus labios!
"Quedarse preñada."
Entonces todo su mísero cuerpo se deformara, pero "ella", gloriosa de aquel amor tan hondo, caminara entre las gentes y no las viera, viendo el semblante de aquél a quien sometíase tan sumisa.
¡Tribulación humana! ¡Cuántas palabras tristes estaban aún escondidas en la entraña del hombre!
El ruido de una puerta cerrada violentamente me despertó. Encendí apresuradamente la lámpara.
El adolescente había desaparecido, y su cama no conservaba la huella de ningún desorden.
Sobre el ángulo de la mesa, extendidos, había dos billetes de cinco pesos. Los recogí con avidez.
En el espejo se reflejaba mi semblante empalidecido, la córnea surcada de hilos de sangre, y los mechones de cabello caídos en la frente.
Quedamente una voz de mujer imploró en el pasillo:
—Apúrate, por Dios... que si lo saben.
Distintamente resonó el campanilleo de un timbre eléctrico.
Abrí la ventana que daba al patio. Una ráfaga de aire mojado me estremeció. Aún era de noche, pero abajo en el patio, dos criados se movían en torno de una puerta iluminada.
Salí.
Ya en la calle, mi enervamiento se disipó. Entré a una lechería y tomé un café. Todas las mesas estaban ocupadas por vendedores de diarios y cocheros. En el reloj colgado sobre una pueril escena bucólica, sonaron cinco campanadas.
De pronto recordé que toda esa gente tenía hogar, vi el semblante de mi hermana, y desesperado, salí a la calle.
Otra vez se amontonaron en mi espíritu las tribulaciones de la vida, las imágenes que no quería ver ni recordar, y rechinando los dientes caminaba por las veredas oscuras, calles de comercios defendidos por cortinas metálicas y tableros de madera.
Tras esas puertas había dinero, los dueños de esos comercios dormirían tranquilamente en sus lujosos dormitorios, y yo, como un perro, andaba a la ventura por la ciudad.
Estremecido de odio, encendí un cigarrillo y malignamente arrojé la cerilla encendida encima de un bulto humano que dormía acurrucado en un pórtico; una pequeña llama onduló en los andrajos, de pronto el miserable se irguió informe como una tiniebla y yo eché a correr amenazado por su enorme puño.

domingo, 15 de septiembre de 2013

Estoy yendome soy como una luz apagándose desde el piso los pude ver, locos de placer alejándose.Miren lo están golpeando todo el tiempo ,lo vuelven vuelven a golpear .Nos siguen pegando abajo.

sábado, 14 de septiembre de 2013

No te borro.

"Algunos años atrás, cuando las aguas no estaban tan contaminadas, a esta hora las familias se demoraban en irse luego de pic-nic del domingo.
Es increíble como cambia todo.
La ultima vez era tan distinto;el rió, los arboles,las piedras.
El viento se levanta con fuerza, el rió,antes quieto,ahora se agita y me moja los pies.Vuelan hojas y ramas. Tengo que irme antes que llueva si no quiero empaparme.
Tal vez así sea mi destino. Calmas y tormentas."
"La memoria suele tender muchas trampas. Lo que si es seguro es que mi padre no queria que yo me acercara a Ezequiel. Una vez que logramos despegarnos de mi padre,que me miraba como si estuviera a punto de cruzar el océano a bote a remos y sin salvavidas, nos tomamos un colectivo , el 93,hasta Avellaneda."
"Cuando entre me recibieron como si efectivamente hubiese cruzado el océano a bote a remos.Mi madre me pregunto si me había pasado algo, si estaba bien y si tenia hambre. No, si y no fueron mis respuestas respectivas. Mi padre no me pregunto nada. Espero que me bañara y luego me invitó a "dialogar.
No podría transcribir aquí ese "dialogo", que no fue tal , sino un monologo largo que yo solo interrumpí con suplicas y sollozos.
Lo que dijo mi padre ese domingo, que hasta ese momento para mi había sido mágico, fue mas o menos lo siguiente. Primero: no dejaba de soprenderlo mi repentino interés por el fútbol, eso demostraba que el me había descuidado, cosa que no volvería a pasar. Pero bueno, el me había inculcado el amor por los deportes y no se opondría a mi pasión, desde ese momento iríamos juntos a la cancha cada vez que yo quisiera, obviamente a platea,que es donde va la gente decente y no a la tribuna popular, como habíamos ido Ezequiel y yo, que es a donde van los vándalos.
Segundo: Mi relación con Ezequiel. Dado que yo nunca había manifestado interés en relacionarme con mi hermano,mi padre sostuvo que era mejor continuar así. Como regalo de cumpleaños era bastante simpático "un compact-disc de música moderna y un viaje en colectivo hasta Avellaneda para ver fútbol", pero nuestra relación terminaba allí. Que no era "sano" para un niño de 11 años andar por ahí con un adulto de 24, por mas que este fuera su hermano.
Tercero:El entendía que yo estaba por ingresar a la pubertad, que mi cuerpo estaba empezando a cambiar,y tal vez tenia alguna duda pregunta que hacer. Si era por eso, tenia que confiar en el, después de todo era mi padre,me había dado la vida, me había educado.
Yo tenia que confiar en el.
Y cuarto: En cuanto a Ezequiel, me prohibía volver a verlo fuera del ámbito familiar.Todo esto por supuesto "era por mi propio bien" y "mas adelante se lo agradecería".
Mi padre como siempre dio por terminada nuestra conversación levantándose y yéndose.
Yo me quede sentado en su despacho llorando en silencio un largo rato.
Cuando salí, todos se habían acostado.Eran miles las cosas que no podía entender. Lo único que sentía era que había algo que no encajaba en el mundo.
Y ese algo era yo.
No volvi a ver a Ezequiel por meses. Durante ese lapso su figura crecía dentro de mi,rodeada de un halo de misterio.Misterio que me apasionaba develar. Nunca supe si la atracción que ejercía sobre mi correspondía al hecho de haber disfrutado su compañía, o a que mi padre me hubiese prohibido verle.
Lo seguro es,que durante esos meses,no pude tolerar a mi padre."
"-¿Por que nunca hablamos de Ezequiel?"
Apoyo las cosas en el piso con mucha calma. Estiro su mano como para acariciarme.Me miro. Bajo la mano. Luego la vista y dijo en un susurro.
-Hay cosas de las que es mejor no hablar"
"Cuando se fue Ezequiel y nos quedamos solos mis padres,la abuela y yo, ya había tomado la determinación de hacer algo para verlo mas, no sabia que, ni como. Lo que si sabia es que fuera lo que fuera que me acercaba a Ezequiel, el misterio, la curiosidad o lo que fuera, era un vinculo autentico,verdadero. Y tenia que encontrar la forma de que no se rompiera"
"Cuando murió Ezequiel descubrí que la tristeza me quedaba bien.Que tal vez era mi estado natural"
"Uno nunca termina de conocer del todo a las personas- me dijo-, ni aun a las mas cercanas, padre,madre,hermanos,hermanas,marido,mujer. Siempre hay una zona de cada uno que permanece a oscuras, alejada por completo de los demás. Una zona de pensamientos, de sentimientos, de actividades, de cualquier cosa. Pero siempre hay un lugar de nosotros en el que no dejamos que entre nadie mas. Yo creo que eso es lo que hace a las relaciones con los demás tan interesantes, esa certeza de que aunque nos lo propongamos, nunca los vamos a conocer del todo"
"Cuando llegue a casa, me recibieron con un sermón de ordago. Que quien me creía yo para ira la casa de desconocidos sin permiso, que en que cabeza cabe, y otras expresiones de las que caben en cualquier repertorio paternal.
Era la primera vez que me retaban y no me importaba mayormente, tal vez estaba creciendo, tal vez me estaba haciendo inmune a los retos, no se. Lo único seguro es que estaba disfrutando a mi hermano y esta vez no pensaba dejar que me quitaran ese placer."
"En noviembre Ezequiel vino a buscarme por ultima vez.Mis padres lo tomaron con resignación, pero tampoco estaban dispuestos a dejarme ir a verlo"

viernes, 6 de septiembre de 2013

El vapor de felicidad era lejano , ya ahora lo solido era tristeza, y endurece cada vez mas.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Siento lo que siento cuando vos sentís lo que sentís. Cuando no sentís yo se por que no sentís, entonces no siento. Cuando pensas, solo siento. Siento saber que es lo que pensas . Cuando me ves te pienso.Pienso en lo que sentís al verme. Cuando me sentís, pienso. Pienso en lo que ves cuando me sentís. Cuando no pensas, se por que no pensas. Es por que sentís, y me encanta verte sentir.
Cuando me ves, te veo. Veo lo feliz que soy cuando te veo.
Cuando te vas, me veo. Veo lo vació que me siento si no estas viendome.Tambien veo lo feliz que me siento cuando me sentís.
No dejes de sentirme nunca, yo tampoco lo hago.
Cuando me duermo, siento lo que sentís vos en tu ahogo nocturno. Cuando te ahogas, siento lo que pensas y es otra forma de sentirte cerca.
Cuando me abrazas, siento que soy uno con vos y solo puedo pensar que soy poco sin vos.
Cuando me ves, no soy yo. Soy el que quisiera ser. Espero que puedas entender
Entiendo lo que siento cuando te veo , pero no entiendo lo fuerte que te pienso cuando no te veo. Supongo que así es el amor.
Supongo que así es.